Hacía mucho que no nos veíamos, tus tiempos, los míos... mis viajes, los tuyos, la vida. Una vida que no compartiamos sino dentro de las cuatro paredes de tu habitación, o la mía.
No, miento... vamos al Mc juntos a comprarnos cajitas felices como dos infantes, vemos dvds de "Los autos locos", me mandas sms lindos y me decis "te amo".
Ok.
Pero yo sé como son las cosas. Sé lo que me ata a vos... y aunque vos todavía no te des cuenta también vas a terminar por saber lo que te une a mi.
Ayer, tirados en la cama, fumando ese puchito post-sex, mirando el techo, te pregunté si pretendías que el tiempo no pase y asentiste, pero no recuerdo con qué palabras. Después me di cuenta que, aunque parecía no pasar, pasaba y muy rápido.
En un vistazo, que duró largos segundos hasta que mi vista se acostumbró a otra luz y otra distancia, pude ver que, entre un par de roces de labios y manos, dos horas fueron escasos minutos para mí.
Hacía falta... ¿Me o Te? ¿Nos, no? Si, nos.
El desorden me resultó tan familiar y cómodo, me hubiese quedado pero sabías que no podía, por eso te preocupabas más que yo por mi horario de vuelta a casa.
Cada frase entre besos parecía destinada a comprarme, cada gesto de respeto, de interés, de preocupación.
Al irme el domingo a la mañana y dejarte así me sentí algo que no soy, pero tiene un Por qué comprensible. Ya lo vas a entender.
Hablamos. Chau.
No, miento... vamos al Mc juntos a comprarnos cajitas felices como dos infantes, vemos dvds de "Los autos locos", me mandas sms lindos y me decis "te amo".
Ok.
Pero yo sé como son las cosas. Sé lo que me ata a vos... y aunque vos todavía no te des cuenta también vas a terminar por saber lo que te une a mi.
Ayer, tirados en la cama, fumando ese puchito post-sex, mirando el techo, te pregunté si pretendías que el tiempo no pase y asentiste, pero no recuerdo con qué palabras. Después me di cuenta que, aunque parecía no pasar, pasaba y muy rápido.
En un vistazo, que duró largos segundos hasta que mi vista se acostumbró a otra luz y otra distancia, pude ver que, entre un par de roces de labios y manos, dos horas fueron escasos minutos para mí.
Hacía falta... ¿Me o Te? ¿Nos, no? Si, nos.
El desorden me resultó tan familiar y cómodo, me hubiese quedado pero sabías que no podía, por eso te preocupabas más que yo por mi horario de vuelta a casa.
Cada frase entre besos parecía destinada a comprarme, cada gesto de respeto, de interés, de preocupación.
Al irme el domingo a la mañana y dejarte así me sentí algo que no soy, pero tiene un Por qué comprensible. Ya lo vas a entender.
Hablamos. Chau.
No hay comentarios:
Publicar un comentario